por Darío Ledesma de Castro / septiembre 2, 2020 / Temas: Noticias

Mucho se ha hablado en las últimas semanas sobre la previsible integración de herramientas digitales en todos los niveles educativos a mediano plazo, con la consecuente adaptación de diseños curriculares e instruccionales, así como la necesaria capacitación de los docentes en metodologías y herramientas para este nuevo panorama formativo.

Sin embargo, además de las ventajas del e-learning que suelen mencionarse periódicamente, hasta el momento no se ha dado la suficiente importancia al positivo impacto medioambiental que la implementación de cursos online puede generar. Son pocos los estudios a este respecto, pero no cabe duda de que la educación virtual puede ser una gran aliada para la ecología. Según The Open University, del Reino Unido, producir y dictar cursos en modalidad online consume un 90% menos de energía y produce un 87% menos de emisiones de CO2 por estudiante que la formación presencial.

De acuerdo a varias investigaciones, alrededor de 350 millones de cartuchos de tinta (tóner) para impresora terminan en la basura cada año, y se estima que tardarán 1.000 años para descomponerse completamente. Con una estrategia de formación e-learning pueden sustituirse los materiales educativos en formato físico por recursos digitales, totalmente reutilizables.

El uso de papel para la creación de materiales para la formación presencial genera un impacto negativo en el medio ambiente. La National Wildlife Foundation reveló que el papel representa más del 60% de los desperdicios generados por las instituciones educativas. Se trata de una cifra aún más inquietante si sabemos que una tonelada de papel equivale a la tala de 16 árboles para su producción, y que con la cantidad de papel que se tira a la basura en un año se podría empapelar una pared de 3,5 metros de alto y más de 4.500 kilómetros de largo. Ese porcentaje de desperdicios disminuiría si la oferta educativa incorporar más programas u horas de formación a distancia.

En Chile, varias instituciones de educación superior han tenido que construir nuevos edificios ante el aumento de sus matrículas o la ampliación a nuevas regiones. La formación online elimina la necesidad de remodelar, construir o comprar instalaciones, las cuales pueden afectar al medioambiente y requieren de un mayor consumo de energía. De esta forma, puede llegarse a un público más amplio y aumentar la matrícula por encima de la capacidad de los edificios que actualmente tienen las instituciones u organizaciones formativas.

Respecto al transporte, la formación presencial requiere que los participantes dispongan de un medio de locomoción para llegar al aula de clase. En Chile, el sector transporte es responsable de más del 24% de las emisiones de gas de efecto invernadero. Un estudio del Instituto del Medio Ambiente de Estocolmo indica que, aquellas personas que estudian en modalidad virtual generan un 90% menos de emisiones de dióxido de carbono que las que realizan formación presencial, al eliminar el uso de automóviles y otras formas de transporte. Por tanto, incorporar soluciones de e-learning permite limitar el uso de recursos no renovables y también ayuda a disminuir los costos de los estudiantes asociados a su traslado a clase.

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