Cada 24 de enero, el Día Mundial de la Educación nos invita a reflexionar sobre el propósito, el impacto y sobre cómo la educación ha evolucionado para responder a las necesidades reales de las personas.
En relación con los nuevos desafíos globales, especialmente después de la pandemia, es que una conmemoración tal debe relevar a las nuevas formas de educación y las nuevas modalidades surgidas para su aporte. Entre ellas, la educación a distancia posee un lugar preponderante.
La educación a distancia ha dejado de ser una alternativa secundaria para consolidarse como una vía legítima, flexible y de calidad para brindar una oportunidad de formación real. Prueba de lo anterior es el porcentaje de representación que poseen los estudiantes de la modalidad en Chile, el cual llega al 13,8%, según el Informe Preliminar de Matrícula en Educación Superior 2025.
Estudiar ya no implica elegir entre desarrollo profesional y vida personal. Por el contrario, la modalidad online permite compatibilizar estudios con trabajo, familia y responsabilidades cotidianas, ampliando el acceso a la educación a personas que, históricamente, habían quedado fuera del sistema educativo tradicional, además de fortalecer la formación continua en quienes ya poseen un título profesional.
En ese sentido, factores de espacio y tiempo, ocupación o situación particular de las personas no condicionan la realización del proceso de enseñanza-aprendizaje. Un ejemplo de lo anterior queda graficado en las cifras: el 49% de quienes estudian en educación superior digital tiene más de 35 años, es decir, la modalidad otorga la posibilidad para la actualización profesional, la reconversión laboral y el aprendizaje a lo largo de la vida.
En Iplacex entendemos la educación como un derecho que debe adaptarse a las trayectorias diversas de quienes aprenden. Diversificar la oferta académica y profesional de nuestros estudiantes es también una responsabilidad, al tiempo en que desarrollamos una base sólida, con altos estándares de calidad.
La importancia de la educación no debe darse por sentada: es la base para una sociedad justa e igualitaria, al tiempo en que contribuye al aumento de la productividad de las personas, lo que desemboca en el potencial de crecimiento económico de las naciones, requisito sine qua non para erradicar la pobreza y el hambre, contribuir a mejorar la salud, promover la igualdad de género y reducir la desigualdad.